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jueves, 5 de noviembre de 2015

Enfoque Magazine 3

Enfoque Magazine 3


Posted: 04 Nov 2015 11:58 AM PST

La defensa de occidente ya no tiene sentido
A lo mejor va siendo hora de preguntarse quiénes son realmente "los nuestros". O aún más hondo: quiénes somos "nosotros".
José Javier Esparza
 comentarios

Si alguien pensaba que la fórmula "defensa de Occidente" tenía todavía alguna vigencia, la actual crisis siria le habrá extirpado cualquier esperanza. Lo que hemos visto en este horrible avispero es que el "bloque americano", nuestros aliados "de toda la vida", han jugado a contemporizar con el Estado Islámico, que es la negación más absoluta de todo cuanto la civilización occidental considera como propio, desde la dignidad individual hasta la herencia cultural cristiana. Los que han hecho engordar a la bestia son los mismos países que financian a nuestros clubes de fútbol, que compran nuestros trenes de alta velocidad o que se sientan con nuestros militares en las asambleas de la OTAN. Son ellos los que han permitido –si no algo más- que los cristianos sean machacados en Oriente Próximo, que el yihadismo se convierta en bandera política y que una ola de desesperación llegue a nuestras fronteras poniendo a Europa en la peor crisis migratoria desde la segunda guerra mundial. Esto no lo han hecho "los malos". Esto, empezando por el estímulo de las primaveras árabes y pasando por el caos criminal de Libia, hasta desembocar en la fuga masiva de cientos de miles de personas desde Irak, Afganistán y, por supuesto, Siria, lo han hecho "los nuestros". Y a lo mejor va siendo hora de preguntarse quiénes son realmente "los nuestros". O aún más hondo: quiénes somos "nosotros".


Hace medio siglo, uno decía "occidente" y evocaba automáticamente un mundo de libertades públicas, mercado libre con garantías laborales y orden social de inspiración cristiana. No era el paraíso terrenal, pero sí el paisaje más habitable de cuantos habíamos conocido. Por supuesto que el poder era oligárquico –siempre en la Historia lo ha sido-, pero la democracia liberal lo hacía soportable. Por supuesto que el mercado libre tendía a la explotación, pero las políticas de protección social –hicieron falta revoluciones y guerras para hallar el remedio- garantizaban que amplísimas mayorías tuvieran acceso a una riqueza más que suficiente. Por supuesto que el cristianismo languidecía como fe viva, pero sus principios filosóficos, sus ejes doctrinales, eso que se llama "derecho público cristiano", seguían vertebrando la vida social y separando lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. Ciertamente, rara vez el cruzado está a la altura de la cruz, pero bastaba ver lo que había al otro lado para resignarse y aceptar que, después de todo, lo nuestro era mejor –o menos malo- y valía la pena luchar por ello. Ese era el mundo hasta hace muy pocos decenios. Bajo esa convicción hemos vivido y hemos muerto. Pero eso se acabó.

Esto no es lo que era
Hoy uno mira alrededor y constata que aquellos viejos pilares se han desmoronado. Del famoso "derecho público cristiano" ya no quedan ni las raspas y en su lugar se ha impuesto una pseudo moral civil compuesta a partes iguales de sentimentalismo, sectarismo y nihilismo. El mercado libre, que alcanzó su apoteosis en los años 90 con la globalización financiera, ha ido desmantelando desde entonces no sólo todo control político, sino también muchas de las garantías sociales y laborales de posguerra. En cuanto a las libertades públicas, no nos hagamos ilusiones: la crisis de las democracias, ahogadas en oligarquías cada vez más alejadas del pueblo, no es algo exclusivo de España y, por otro lado, es una evidencia que hoy, a la hora de hablar en público, hay muchos más tabúes que hace sólo veinte años. ¿En qué se ha convertido "Occidente"?

Hoy uno dice "defensa de Occidente" y la cosa suena a extravagancia, como aquel general del Teléfono rojo de Kubrick que quería lanzar un ataque nuclear contra los soviéticos porque estaban contaminando "nuestros preciados fluidos corporales". ¿Qué vamos a defender exactamente? Es muy posible que, mañana, aparezca otro escenario bélico forjado a golpes de fuego por la crisis siria, y es muy posible que, ese día, soldados españoles tengan que volver entregar la vida allí. ¿Por qué van a hacerlo? El argumento de la democracia y los derechos humanos ya no cuela; sencillamente, porque no es verdad. ¿Y entonces? ¿Por la estabilidad de un mercado global que ya no es ni quiere ser garantía de paz social?¿Por los intereses de unos "aliados" que sólo miran por su propio provecho? ¿Por la construcción de un mundo sin alma ni destino?
En los últimos veinte años, eso que antes llamábamos "Occidente" se ha convertido en una suerte de gran mercado anónimo universal regido por una superpotencia hegemónica, los Estados Unidos. Nada más que eso. Las decisiones políticas quedan subordinadas a ese proyecto, al margen de la voluntad o el interés de las sociedades. Nuestras naciones se disuelven. Los principios morales clásicos son combatidos hasta la extinción y reemplazados por un singular mundo de matrimonios homosexuales y abortos por recomendación estatal. El mercado ya no es un instrumento para la prosperidad del mayor número posible de ciudadanos, sino un dios al que hay que adorar y obedecer por su propio poder. En esto nos hemos convertido. Un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín, ¿alguien podría decir quién o qué ha ganado exactamente?

Sí, claro: los Estados Unidos. ¿Y su proyecto es el nuestro, el de los europeos? ¿Su hegemonía es nuestra supervivencia? Ya no está tan claro como hace diez años.  "El país no lo sabe, pero estamos en guerra contra América –confiaba Mitterrand a su último confidente, Georges-Marc Benamou-. Sí, una guerra permanente, una guerra vital, una guerra económica, una guerra aparentemente sin muerte. Sí, son muy duros los americanos, son voraces, quieren un poder exclusivo sobre el mundo. Es una guerra desconocida, una guerra permanente, en apariencia sin muerte y, sin embargo, una guerra a muerte" (Le dernier Mitterrand, Plon, 2005). Quizás el viejo socialista francés, ya en sus últimos días, veía las cosas bajo una luz siniestra. Quizá. Pero quizá, simplemente, estaba diciendo la verdad pura y desnuda.
No, la "defensa de occidente" ya no tiene ningún sentido. No, al menos, si de verdad queremos que algo del auténtico occidente histórico sobreviva en el mundo actual. Europa debe empezar a cortar lazos. De lo contrario, esos lazos nos ahogarán. Nos están ahogando ya.


Posted: 04 Nov 2015 08:54 AM PST

El ABC del acuerdo de La Habana, en materia de Justicia Transicional

Por, Horacio Puerta Calad
 


Si la Justicia transicional se ha considerado como un conjunto de medidas excepcionales orientadas fundamentalmente a superar los graves daños causados a las personas por regímenes totalitarios o dictadurasque cometieron violaciones a los derechos humanos a sus connacionales, ¿por qué se invocó entonces esta figura penal para solucionar el problema  armado del país, si Colombia no cae dentro de ese enfoque?
La mal llamada "guerra de cincuenta años" en Colombia, como acordaron denominarla el gobierno Santos y las FARC,  no tiene las mismas causas que llevaron a los ciudadanos de los países del cono sur latinoamericano, o de las naciones africanas a enfrentarse a sus dictaduras, que tanto se invocan para justificar la aplicación de la Justicia transicional en Colombia como medio para castigar los delitos violatorios de los derechos humanos cometidos principalmente por las FARC.
Colombia es un país con más de doscientos años de vida democrática donde las dictaduras, o regímenes autoritarios, no han tenido vida, como si ha ocurrido en cambio en la mayoría de los países latinoamericanos, y por consiguiente, su Justicia penal, a pesar de las falencias que tiene, ha sabido responder para castigar los delitos que comenten sus ciudadanos.
En el caso de las FARC, son muchos los miembros de esa agrupación terrorista  que hoy cumplen penas de cárcel de treinta o más años por los delitos de lesa humanidad que cometieron, como igual ocurre también con militares que extralimitaron sus funciones castrenses.
¿Definir entonces el problema armado colombiano como una "guerra de cincuenta años" fue para justificar la invocación de una "Justicia transicional" que solo favorece a la cúpula de las FARC? 
Un ejemplo que sirve para ilustrar el efecto que tendría el acuerdo de Justicia transicional de 10 puntos dado a conocer en La Habana el pasado 23 de septiembre, es el siguiente ABC.

A). El 2 de mayo de 2002 el Bloque 58 de Las FARC  que opera en el Chocó, lanzó un "cilindro bomba" contra la iglesia de Bojayá dando muerte a 79 civiles: 41 mujeres y 38 hombres, la mayoría de ellos menores de 18 años (48).
B). Ese delito de lesa humanidad tiene en el código penal colombiano una pena privativa de la libertad hasta de  60 años.
C). En el marco de la Justicia Transicional  acordada en La Habana a los responsables de ese genocidio   no se les impondría la pena de 60 años sino una de entre 5 y 8 años (punto 7 del comunicado).
D). Como en el acuerdo de Justicia Transicional se contempla solo una pena de prisión de 5 a 8 años para quienes "de manera tardía" reconozcan su delito ante el Tribunal especial que los juzgará, o de 20 años para quienes se nieguen a reconocerlos, los que confesaren oportunamente el delito de lesa humanidad cometido en Bojayá  se verían beneficiados con el goce y disfrute de una "sanción" de 5 a 8 año que tendría "un componente restrictivo de sus libertades y derechos", que no sería obviamente dentro del perímetro de una celda de 3 por 2 metros.
E). Según el diccionario de la Real Academia Española, restringir  significa: circunscribir, reducir a menores límites.
F). De lo anterior se infiere que el goce de la "libertad restringida"como sanción por los delitos de lesa humanidad cometidos por los terroristas del Bloque 58 de las FARC en Bojayá,sería  dentro de un perímetro previamente definido en donde el "sancionado" podría movilizarse dentro de él, que podría ser el barrio de la ciudad en donde estaría el lugar de permanencia obligada; o el municipio, o el mismo departamento, o cualquier otra área delimitada dentro del territorio nacional  para que el "sancionado" cumpla dentro de ella las "libertades y derechos restringidos", con "el cumplimiento de las funciones reparadoras y restauradoras mediante la realización de trabajos, obras y actividades".  En síntesis, el acuerdo de La Habana resultó muy simple y beneficioso para las FARC, pues consistió en cambiar el concepto de sanción de "pena privativa de la libertad" por el de pena "restrictiva de la libertad".
G). No porque la  Justicia Transicional apunte al logro de la paz, el principio de proporcionalidad que con respecto a la naturaleza del delito debe tener todo castigo puede ser manguado hasta convertirlo en una máscara  de burla para las víctimas, como ocurre con las sanciones contempladas en el acuerdo de La Habana.

En conclusión:
¿Lo acordado en La Habana es un pasaporte a la impunidad  de  los delitos cometidos por las FARC en 50 años? ¿Es una justicia de parodia para allanarle el camino político a la dirigencia de las FARC? ¿La  inhabilidad constitucional para aspirar a cargos de representación por delitos de lesa humanidad será levantada por el "congresito" de bolsillo del presidente Santos para dársela de ñapa a las FARC? ¿Este es otro de los sapos que  el Presidente Santos  nos quiere hacer tragar para alcanzar SU modelo de paz?


Dalacph2@hotmail.com  

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