(FUERA DEL AIRE TEMPORAL) Hora del Este (Miami)

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viernes, 11 de diciembre de 2015

Enfoque Magazine 3

Enfoque Magazine 3


DESOLACIÓN Y RUINAS 50 AÑOS DE CASTRISMO

Posted: 10 Dec 2015 01:28 PM PST

Desolación y ruinas envuelven San Miguel de los Baños.
Con este título, hace varios meses el Blog 14yMedio publicó un artículo, bajo la firma de REINALDO ESCOBAR sobre el antiguo centro turístico cubano. Comienza describiendo la imagen que proyecta, en la actualidad, lo que queda del edificio del Hotel Balneario:
Una enorme ruina sale al paso entre los matorrales. El edificio de fachada ecléctica era el hotel del Balneario de San Miguel de los Baños. Hoy sólo alberga telarañas, ratas, árboles que crecen entre los muros, y recuerdos, muchos recuerdos. Los más jóvenes ni siquiera saben que en el país hay un sitio así, donde el agua sanadora brota de la propia tierra.

Bendecido por la naturaleza con abundantes manantiales medicinales, San Miguel de los Baños pasó, en menos de un siglo, de la prosperidad al abandono. Algunos vecinos creen que se trata de una maldición…  Y están en los cierto, ha sido la maldición del castrismo la que llevó a este, –en otro tiempo paradisiaco– lugar al estado en que hoy se encuentra.
Lo cierto es que aquel majestuoso edificio que deslumbraba a cuanto viajero lo visitaba y que era centro del complejo arquitectónico y orgullo de los pobladores, es hoy un inmueble desolado e inhabitable, a pesar de su utilidad pública, de sus valores culturales y de su historia. También es cierto.
Y prosigue: La leyenda cuenta que un esclavo llamado Miguel, escapado de su dotación, fue quien descubrió los valores curativos de aquellas aguas. Y a continuación se refiere a los valores curativos de las aguas: …sólo a finales del siglo XIX se  confirmó científicamente que contenían un 60% de minerales, entre ellos azufre en estado coloidal. Los manantiales fueron reconocidos también por sus características alcalinas y bicarbonatadas, capaces de aliviar ciertos padecimientos de las vías digestivas y urinarias, además de otros problemas de salud: anemia, gastralgia, dispepsia, diabetes, urticaria, clorosis, nefritis e incluso neurastenia.
Y continua la historia. Un adinerado abogado santiaguero, –tengo entendido que era pinareño, pero no es relevante, uno u otro sitio– Manuel Abril Ochoa, llegó a San Miguel de los Baños en 1906 para comprobar si en aquellos manantiales estaba la solución a sus problemas digestivos. Todo indica que la encontró porque tomó la decisión de establecerse allí y construir el lujoso balneario… No solamente lo decidió, sino que prometió no salir nunca mas de los límites del pueblo, y lo cumplió. Recuerdo como se hacía llevar en su automóvil hasta donde se reconocía como limites de San Miguel, y se regresaba, sin salir del área.
El Hotel Balneario se inauguró en el mes de agosto de 1929 y fue la vivienda del "doctor Abril", hasta que el hotel y el resto de las instalaciones de los manantiales fueran intervenidos por el régimen castrista.
Aquí comienzan la "inexactitudes" que me confunde en cuanto a su intención. El señor; Reinaldo Escobar, continúa su artículo así:
En su infinita buena fe, o ingenuidad, el doctor Abril dispuso que tras su muerte las instalaciones fueran cedidas al Ministerio de Industrias, que en enero de 1962 estaba bajo el mandato de Che Guevara. Totalmente incierto. El doctor Abril, luego de la intervención del hotel fue alojado en una casa ubicada en un sector llamado "Reparto Blanca Nieve", donde a las pocas semana tuvo un accidente y fue conducido al hospital provincial en Matanzas, –saliendo por primera vez desde su llegada al lugar a principio del siglo XX –…donde murió. Otra barbaridad histórica, es afirmar que Guevara se hizo fabricar el Hotel Villaverde. Este hotel fue construido en los años cuarenta, y sus propietarios era el matrimonio formado por Manuel Villaverde y Adelaida Escudiere. El único contacto del criminal comandante con el Villaverde, fue que pasó un fin de semana alojado allí, cuando aún, el hotel,  no había sido intervenido.
El Balneario de San Miguel de los Baños tuvo su época dorada en los setenta. Cubanos de todas las provincias acudían en peregrinación esgrimiendo sus recetas médicas debidamente acuñadas. Allí se gestó una de las primeras iniciativas de lo que hoy se ha dado en llamar Turismo de Salud.  Una tontada. La época dorada del Balneario, terminó a principio de los años sesenta, poco tiempo después de las intervenciones. San Miguel nunca volvió a ser lo que era antes del 1959, cuando, después de la playa de Varadero, era el lugar preferido a nivel nacional para vacacional.
Prosigue el señor Escobar:
Ajenos a los sismos políticos, los manantiales siguieron brotando con generosidad, pero los burócratas locales en su habitual oportunismo se encargaron de desbaratar las instalaciones del balneario. Las utilizaron primero para albergar a damnificados de huracanes, luego como oficina del sector gastronómico y, finalmente, para realizar las fiestas conmemorativas por la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). 
Saquearon todo: las tazas de los inodoros, las baldosas de mármol de las escaleras, las puertas y los marcos de maderas preciosas, las camas con sus colchones, los sillones y sofás, las sillas y mesas del comedor, los fogones de la cocina, los grifos y lavamanos, los azulejos. Sólo se salvaron algunas pesadas bañaderas de hierro esmaltado empotradas en el piso. Nadie sabe a ciencia cierta a dónde fueron a parar todos aquellos despojos del palacio.
Y concluye:
El taxista particular que me saca de San Miguel de los Baños me cuenta otros horrores que sufrió el resto de las instalaciones hoteleras de la otrora próspera villa. Pero habla también de sus esperanzas desde que, hace un año, el Ministerio del Interior ha tomado el control de los manantiales con el proyecto de hacer allí un sanatorio. Me traslada el rumor de que Eusebio Leal, sanador de La Habana Vieja, está tomando cartas en el asunto y que "con esto de la nueva ley de inversiones extranjeras" quizás quieran poner allí –donde ahora hay unidades militares– un campo de  golf.
No todo está perdido: Dice Escobar, y  yo lo creo igual, pero ha costado seis generaciones, hasta ahora, para que la esperanza de que San Miguel resurja con el mismo esplendor de antes, sea una realidad.




LA GUERRA ES INEVITABLE

Posted: 10 Dec 2015 12:15 PM PST


 Por José M. Izquierdo E-mail: josemizquierdo@hotmail.com

Un amigo me comenta, que la actitud pasiva del presidente Obama ante el auge del terrorismo islámico se debe, a que Obama no quiere dejar una guerra a su sucesor. Considera además esta opinión en otra parte, que la economía de los EEUU funciona bien. Sin embargo, se generaliza y aumenta la opinión que la actual política exterior de la administración Obama es débil e irresponsable, y ha permitido que los grupos terroristas y los enemigos de los EEUU, se fortalezcan ganando agresividad, que la iniciativa el control y liderazgo de los sensibles asuntos de interés internacional, hayan caído en manos de otras potencias y esa condición, obligará a cualquier presidente que sustituya a Obama, sea demócrata o republicano, a ir a una guerra más sangrienta y costosa, que si Obama hubiera actuado ahora con energía y enfrentado con decisión los retos que el momento requiere. 

 Si es un republicano quien llega la Casa Blanca en las próximas elecciones, por supuesto dirán que los republicanos son guerreristas. Pero en un futuro cercano y ante el fortalecimiento del terrorismo, EEUU tendrá que ir a una eventual guerra para mantener su propia seguridad y retomar su liderazgo mundial, o los EEUU caen aún más bajo en la escala mundial de valores, prestigio y credibilidad, aspectos que pueden afectar nuestros valores democráticos y la seguridad nacional.  


En cuanto a la economía, los EEUU no son un patrón mundial para compararse con países pobres, pero comparándonos con nosotros mismos, el obrero en términos reales gana menos y su dinero le rinde menos que en épocas pasadas, los trabajos a medio tiempo y el pago de salarios mínimos son cada vez más comunes, porque autorizan a los empleadores a no pagar beneficios, obligando a los trabajadores a recurrir a la ayuda social para subsistir, aunque técnicamente están empleados.

La monopolización de la economía y el mercado permite con facilidad la manipulación de los precios de los bienes y servicios, cada día el capital se concentra más en unas pocas manos. El gobierno permite que la salud este bajo el control de unas pocas grandes empresas con "Patentes de Corso". Estamos viviendo en una economía monopolista, donde la ley de oferta y demanda ha desaparecido, donde los grandes monopolios hacen fortuna no del fruto de sus negocios, esfuerzos e iniciativas, sino de la forma fácil que obtienen el dinero de los contribuyentes, a través de mecanismos que les facilita el gobierno.

Los políticos tradicionales han llegado a altos niveles de desatención a la población, de descomposición profesional y moral, el Lobísmo los controla y la ambición los pierde. Si algo "Bueno" quizás pueda tener Trump, es que esta menos comprometido que cualquier otro de los candidatos que tenemos para escoger, que son muchos en cantidad, pero escasos de "Brillo" y talento.


A Trump lo vemos subiendo posiciones diciendo "Disparates", pero la gran verdad, es que esos disparates son la realidad del momento.

EL OSCAR A JENNIFER JONES Y LA VIRGEN MARIA

Posted: 10 Dec 2015 11:40 AM PST

Por Santiago Cárdenas
 
Seis  años después de  ser electo Papa, el Cardenal Ferrati, ahora Pio IX proclamo en 1854 el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. En sus propias palabras: basado más en sentimientos  ancestrales de la iglesia universal, como pueblo de Dios, que en evidencias o estudios teológicos.

La iglesia  católica  paso, de un día a otro, de ser una iglesia devocional a una iglesia dogmatica, que no es poca cosa. No se trata desde entonces de una devoción de sacristía, más o menos sentida, hacia la llena de gracia, sino  de la imposición ante la cristiandad de un punto de vista, digamos que "católico" universal, que lo aceptas o lo  aceptas. En peligro te encuentras  de ser  excomulgado y/o  condenado, si lo contradices.

 Pio Nono, ahora beato y siempre controversial, necesitaba  urgentemente  la confirmación de su  declaración, sin paralelo en la historia. La primera prueba  de su certeza le vino como anillo al dedo, tres o cuatro años después. Una adolescente francesa tuvo unas visiones de la Virgen en Lourdes, Francia.  A Jennifer Jones, le debemos la magistral interpretación, de Bernardette  de Subirous, que en 1943, la llevo al Oscar y al estrellato en su primera  actuación en Hollywood. Algo inédito en la historia del cine.

Pero, el papa  decimonónico  necesitaba  ser declarado infalible en sus pronunciamientos acerca de la fe y las costumbres. Eso llego  en forma colegiada  cuando convoco al Concilio Vaticano I.

Solo que un detalle  se interpuso en su camino. Este concilio nunca fue  clausurado oficialmente, dado el estallido de unas  de las tantas  guerras  europeas y la toma de los estados vaticanos por Garibaldi y Víctor Manuel. El Pio y sus sucesores, al perder el poder temporal, se emperraron, y no salieron de las murallas vaticanas, hasta el concordato con el Duce Benito Mussolini el siglo pasado.  Esto  quedo plasmado en La Vía de la Reconciliación, esa ancha avenida  que nos conduce  diaria y directamente a la Basílica de San Pedro en la colina Vaticana

"La canción de Bernardette ", esa magistral obra en blanco y negro, rodada en 1943 que todos los cristianos deberían  ver, nos introducen a una magistral Jennifer que sin sobresaltos se gana el Oscar de ese año.

En la escena paradigmática del film, ella va caminando por una  calle cualquiera entre un grupo de amigos y conocidos Hablando estaban de la bella señora, la gran dama de las apariciones. Entonces, alguien le pregunta:      –"¿Quién es esa dama?"  – "¿Como se llama?" En su ingenuidad de su menarquía, a los  trece  años de edad respondió. La señora me dijo: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

Y  todos retroceden y enmudecen  entre  perplejos y  asombrados.



LOS IMPRESCINDIBLES PILARES DEL CAMBIO

Posted: 10 Dec 2015 11:08 AM PST

Por Alberto Medina Méndez
El resultado electoral en Argentina ha ilusionado a muchos. Se abre una enorme ocasión no solo para el país, sino también para toda la región. Cierta visión simplista ha instalado la insensata idea de que una nueva gestión de gobierno lo puede resolver todo. Son los mismos que suponen que con un grupo de funcionarios honestos y profesionalmente preparados, resulta suficiente para poner en marcha a una nación.

El resultado electoral en Argentina ha ilusionado a muchos. Se abre una enorme ocasión no solo para el país, sino también para toda la región. Cierta visión simplista ha instalado la insensata idea de que una nueva gestión de gobierno lo puede resolver todo. Son los mismos que suponen que con un grupo de funcionarios honestos y profesionalmente preparados, resulta suficiente para poner en marcha a una nación.

Eso es deseable que ocurra, pero la honradez y la idoneidad son solo una condición, que no garantiza casi nada. Es evidente que tantos años de anormalidad ocasionaron cierto acostumbramiento. Es por ello que algunos ciudadanos se conforman solo con tener gente honorable al frente del país.

Claro que eso es saludable, pero de ningún modo una comunidad logra progresar exclusivamente bajo esas circunstancias. Al desastre económico e institucional que se percibe con absoluta crudeza, hay que sumarle ese daño casi invisible, que tiene que ver con demasiados malos hábitos, con tantas incorrectas posturas y con la destrucción de la cultura del trabajo.

Diera la sensación de que esta sociedad espera que otro, un tercero, se ocupe de su prosperidad y bienestar. Es como si la eterna búsqueda pasara solo por encontrar a ese líder mesiánico, que se pueda encargar de todo.

Esa fantasía no se corresponde con la realidad. En todo caso, los buenos dirigentes contribuyen de un modo decisivo generando las condiciones esenciales para que ese progreso se produzca pero siempre de la mano de los indelegables esfuerzos personales y las acciones ciudadanas que son las verdaderas herramientas para esa evolución positiva.

Los liderazgos negativos han hecho mucho mal. Su capacidad de destrucción se ha demostrado empíricamente. No solo han sido pésimos administradores dilapidando inmejorables oportunidades, sino que además han fomentado el odio, el resentimiento y la envidia, instalando una perversa dinámica que desalentó a los mejores y aplaudió a los mediocres.

La gente ha tenido la chance de elegir entre continuar de un modo parecido al que señalaba la inercia de ese tiempo, con sutiles matices e improntas personales, o apostar a lo nuevo, a lo que parecía más sensato, razonable y equilibrado. Ha tomado esa decisión con diferentes niveles de entusiasmo.

Los unos y los otros han optado entre las alternativas disponibles y no necesariamente en sintonía fina con sus profundas convicciones. Después de todo eso es lo que ofrece el sistema democrático, un menú de variantes que no siempre se parece a lo óptimo sino solamente a lo posible. Los ciudadanos eligen entonces por preferencia, afinidad o hasta intuición.

Lo que viene será importante y la gestión que se inicia tiene un gran desafío por delante. No solo deberá resolver complejos asuntos, sino que, al mismo tiempo, tendrá que sincerar variables mientras intenta dimensionar el tamaño y la dificultad de los problemas que deberá abordar en el futuro.

No será fácil esa etapa. Muy por el contrario, será un tiempo de idas y vueltas, de tropiezos y avances, pero siempre que el rumbo elegido sea el razonablemente adecuado, el tiempo se ocupará de ir buscando equilibrios en cada una de las cuestiones. Habrá que tener paciencia.

Pero no se agota ahí la cuestión. Lo más difícil tendrá que ver con la capacidad de la sociedad para protagonizar ese cambio. No todo depende de lo que el gobierno de turno pueda hacer, sino de cuan dispuesta esté la ciudadanía para operar los cambios sobre sí misma.

Si cada habitante, sigue haciendo lo mismo de siempre, de idéntico modo, y no se compromete con una mejor versión de sí mismo, es poco lo que se puede esperar de esta etapa que tantas expectativas ha generado.

El prestigioso escritor y filosofo Henry Thoreau decía que "las cosas no cambian, cambiamos nosotros". Por eso aparecen las grandes dudas sobre el período que se inicia. Si la sociedad no ha cambiado y no está dispuesta a hacerlo ahora mismo, difícilmente todo se acomode como se espera.

No es necesario encarar una transformación gigante, sino solo algo mucho más modesto, tangible y cotidiano. Cuando los ciudadanos sean más respetuosos con las determinaciones de los demás, puedan consensuar en vez de imponer, decir "por favor" y "gracias", darle valor a la palabra empeñada, es probable entonces que ese cambio sea posible.

Mientras impere el desprecio por el otro, la desconfianza serial, la confiscatoria rutina de quedarse con el fruto del esfuerzo ajeno, la violenta reacción frente a cada pequeño incidente irrelevante, la revancha sea moneda corriente y la ira le gane a la concordia, nada bueno surgirá de allí.

El próximo gobierno tiene mucho por hacer, pero más importante será la tarea de los ciudadanos para lograr su propia reconversión y desplegar esa capacidad de desaprender para empezar de nuevo, intentando ser mejores, para que la sociedad en la que vive pueda ser distinta a la actual.

El reto es convertirse en agente de cambio, liderando ese proceso, intentando que otros imiten las buenas conductas sin justificarse aduciendo que los demás no reaccionan. Si cada ciudadano se anima a dar ese trascendente paso, a empezar la jornada con esos pequeños gestos en su comunidad, entonces si existe una verdadera oportunidad de cambio.

La nueva gestión podrá ser mejor o peor, pero importa mucho más que los ciudadanos hagan la necesaria contribución en el sendero adecuado. Si se pretende vivir en un lugar mejor, no se debe esperar que solo el gobierno acierte con sus decisiones, también la gente tiene en sus manos el porvenir. Es necesario comprender cuales son los imprescindibles pilares del cambio.




Eso es deseable que ocurra, pero la honradez y la idoneidad son solo una condición, que no garantiza casi nada. Es evidente que tantos años de anormalidad ocasionaron cierto acostumbramiento. Es por ello que algunos ciudadanos se conforman solo con tener gente honorable al frente del país.

Claro que eso es saludable, pero de ningún modo una comunidad logra progresar exclusivamente bajo esas circunstancias. Al desastre económico e institucional que se percibe con absoluta crudeza, hay que sumarle ese daño casi invisible, que tiene que ver con demasiados malos hábitos, con tantas incorrectas posturas y con la destrucción de la cultura del trabajo.

Diera la sensación de que esta sociedad espera que otro, un tercero, se ocupe de su prosperidad y bienestar. Es como si la eterna búsqueda pasara solo por encontrar a ese líder mesiánico, que se pueda encargar de todo.

Esa fantasía no se corresponde con la realidad. En todo caso, los buenos dirigentes contribuyen de un modo decisivo generando las condiciones esenciales para que ese progreso se produzca pero siempre de la mano de los indelegables esfuerzos personales y las acciones ciudadanas que son las verdaderas herramientas para esa evolución positiva.

Los liderazgos negativos han hecho mucho mal. Su capacidad de destrucción se ha demostrado empíricamente. No solo han sido pésimos administradores dilapidando inmejorables oportunidades, sino que además han fomentado el odio, el resentimiento y la envidia, instalando una perversa dinámica que desalentó a los mejores y aplaudió a los mediocres.

La gente ha tenido la chance de elegir entre continuar de un modo parecido al que señalaba la inercia de ese tiempo, con sutiles matices e improntas personales, o apostar a lo nuevo, a lo que parecía más sensato, razonable y equilibrado. Ha tomado esa decisión con diferentes niveles de entusiasmo.

Los unos y los otros han optado entre las alternativas disponibles y no necesariamente en sintonía fina con sus profundas convicciones. Después de todo eso es lo que ofrece el sistema democrático, un menú de variantes que no siempre se parece a lo óptimo sino solamente a lo posible. Los ciudadanos eligen entonces por preferencia, afinidad o hasta intuición.

Lo que viene será importante y la gestión que se inicia tiene un gran desafío por delante. No solo deberá resolver complejos asuntos, sino que, al mismo tiempo, tendrá que sincerar variables mientras intenta dimensionar el tamaño y la dificultad de los problemas que deberá abordar en el futuro.

No será fácil esa etapa. Muy por el contrario, será un tiempo de idas y vueltas, de tropiezos y avances, pero siempre que el rumbo elegido sea el razonablemente adecuado, el tiempo se ocupará de ir buscando equilibrios en cada una de las cuestiones. Habrá que tener paciencia.

Pero no se agota ahí la cuestión. Lo más difícil tendrá que ver con la capacidad de la sociedad para protagonizar ese cambio. No todo depende de lo que el gobierno de turno pueda hacer, sino de cuan dispuesta esté la ciudadanía para operar los cambios sobre sí misma.

Si cada habitante, sigue haciendo lo mismo de siempre, de idéntico modo, y no se compromete con una mejor versión de sí mismo, es poco lo que se puede esperar de esta etapa que tantas expectativas ha generado.

El prestigioso escritor y filosofo Henry Thoreau decía que "las cosas no cambian, cambiamos nosotros". Por eso aparecen las grandes dudas sobre el período que se inicia. Si la sociedad no ha cambiado y no está dispuesta a hacerlo ahora mismo, difícilmente todo se acomode como se espera.

No es necesario encarar una transformación gigante, sino solo algo mucho más modesto, tangible y cotidiano. Cuando los ciudadanos sean más respetuosos con las determinaciones de los demás, puedan consensuar en vez de imponer, decir "por favor" y "gracias", darle valor a la palabra empeñada, es probable entonces que ese cambio sea posible.

Mientras impere el desprecio por el otro, la desconfianza serial, la confiscatoria rutina de quedarse con el fruto del esfuerzo ajeno, la violenta reacción frente a cada pequeño incidente irrelevante, la revancha sea moneda corriente y la ira le gane a la concordia, nada bueno surgirá de allí.

El próximo gobierno tiene mucho por hacer, 
pero más importante será la tarea de los ciudadanos para lograr su propia reconversión y desplegar esa capacidad de desaprender para empezar de nuevo, intentando ser mejores, para que la sociedad en la que vive pueda ser distinta a la actual.

El reto es convertirse en agente de cambio, liderando ese proceso, intentando que otros imiten las buenas conductas sin justificarse aduciendo que los demás no reaccionan. Si cada ciudadano se anima a dar ese trascendente paso, a empezar la jornada con esos pequeños gestos en su comunidad, entonces si existe una verdadera oportunidad de cambio.

La nueva gestión podrá ser mejor o peor, pero importa mucho más que los ciudadanos hagan la necesaria contribución en el sendero adecuado. Si se pretende vivir en un lugar mejor, no se debe esperar que solo el gobierno acierte con sus decisiones, también la gente tiene en sus manos el porvenir. Es necesario comprender cuales son los imprescindibles pilares del cambio.





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