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miércoles, 24 de febrero de 2016

Enfoque Magazine 3

Enfoque Magazine 3


DE CICERON, LA HISTORIA Y LA REPUBLICA DE CUBA

Posted: 23 Feb 2016 09:52 AM PST

Discurso del Dr. Eduardo Lolo ante el Capítulo New York-New Jersey de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio el viernes 24 de octubre de 2014.


 
 Ilustres académicos, señoras y señores: Marcus Tullius Cicero, una de las mentes más preclaras de todas las eras, definió la historia en estos términos: "La historia es testigo veraz de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, noticia de la antigüedad…"
Como "testigo veraz de los tiempos", ello implica que la historia es del todo imparcial, pues ser testigo no significa actuar como participante. Son los historiadores, de acuerdo a sus interpretaciones del pasado, quienes atribuyen a los personajes históricos características y condiciones diferentes, contrarias o, incluso, semejantes, según los principios y la agenda personal de cada investigador; la historia solamente deja constancia cierta de los hechos.
 Pero la historia, siguiendo la definición ciceroniana, es también "luz de la verdad". Por lo que las interpretaciones de los historiadores no tienen carácter definitivo hasta tanto no sean avaladas por la verdad más allá de toda duda razonable. La verdad se puede enmascarar, secuestrar, escamotear, hasta mutilar; pero no se puede hacer desaparecer: tarde o temprano muestra su rostro verdadero, premiando a los veraces, enmendando a los equivocados, y juzgando a los historiadores del escarnio como lo que siempre fueron: cómplices de la mentira vía plumas mercenarias.
 Continuando con el axioma de Cicerón, la historia como "vida de la memoria" rebasa su condición de pasado para hacerse vigente como herencia en el presente y coadyuvar en la formación del futuro. La memoria viva es el mejor antídoto para los errores del hombre, tan propenso a reincidir en la torpeza. Manteniendo viva la memoria es la única forma de no extender en el presente las fallas del pasado o repetirlas en el futuro. El horror del error reiterado es posible solamente si el hombre olvida las causas y efectos de sus propias faltas; la "vida de la memoria" es la mejor garantía para no repetirlas.
La historia como "maestra de la vida" implica que para aprender a vivir en el presente se hace condición indispensable seguir las lecciones de la historia, pues lo contemporáneo sin las enseñanzas del pasado no es más que tiempo vacío o materia hueca. La historia nos instruye sobre los pormenores y las razones de las caídas anteriores con el objetivo de que no nos despeñemos de nuevo. Huelga decir que siempre habrá, de manera consciente y opcional, buenos y malos alumnos de la historia como "maestra de la vida": de los primeros emergen, en general, héroes o bienhechores; de los segundos, indiferentes o malvados.
El último elemento de la enunciación ciceroniana de historia está relacionado con "la antigüedad". Ello implica que el pasado no puede extenderse ni repetirse literalmente en el presente. Cada momento histórico tiene su propio entorno vital, del cual le es imposible escabullirse sin caer en el
 Historia vero testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis… (De Oratore. En: Cicero, Pro Publi Sestio: oratio ad Indices II, 36.) Cicerón (106AC-43AC)
 
anacronismo o la ficción. El ayer no puede vivirse de nuevo hoy, pues sería una aberración en el movimiento de la noria del tiempo; intentarlo, una quimera sin enmienda.
Ahora bien, ¿cómo aplicar la definición de historia de Cicerón al caso cubano? La condición de testigo veraz de los tiempos es del todo irrefutable; lo cuestionable es la interpretación de algunos historiadores. Por un lado están los "bribones inteligentes", como llamara José Martí a los intelectuales que ponen su pluma al servicio de tiranos. Según ellos, el propio Martí fue "el autor intelectual del Cuartel Moncada", tópico adoctrinador que aparece en todos los textos de historia publicados en Cuba por más de medio siglo. Consecuentemente, de aceptarse semejante bodrio malabarista, la obra de Fidel Castro sería una continuación o complemento de la de Martí. En el extremo opuesto están los historiadores que, no dudo que hasta de buena fe, sublimizan la corta etapa republicana cubana, como si hubiera sido un paraíso terrenal asaltado sorpresivamente por el totalitarismo. Recuerdo que en el año 2002, por el Centenario del 20 de Mayo, hasta se le atribuyeron innecesariamente logros a la república que eran, en realidad, productos de la Colonia o de las intervenciones norteamericanas. A Tomás Estrada Palma (el primer Presidente de la República de Cuba) se le presentó como un patriota republicano, pasándose por alto que, a pesar de su probada honradez en el manejo de los fondos públicos, al ver frustradas sus intenciones continuistas no dudó en solicitar la ocupación militar estadounidense en violación de la soberanía nacional que había jurado defender al tomar posesión de su cargo. Se decía (y todavía se sigue diciendo) que Cuba fue república desde 1902 hasta 1959, cuando objetivamente no llegó ni a 20 años de vida republicana propiamente dicha, pues la mayor parte de ese lapso de tiempo estuvo regida por gobiernos de facto, interventores norteamericanos, caudillos corruptos o tiranos sangrientos. Porque es el caso que también en Cuba "la colonia siguió viviendo en la república", como había constatado Martí en las naciones hispanoamericanas donde intentó asentarse inútilmente, razón por la cual terminó viviendo la mayor parte de su vida adulta en Nueva York, al amparo de la democracia norteamericana todavía en progreso.
La historia, como "luz de la verdad", habrá de encargarse de despejar todos los mitos creados por algunos historiadores cubanos, tanto los cándidamente bien intencionados como los abortos de la falsedad premeditada. El totalitarismo no fue impuesto en Cuba por medio de la fuerza, sino de la traición, para luego ser consolidado por la demagogia y finalmente mantenido por el terror. A diferencia de las naciones de Europa Oriental, la República de Cuba no sucumbió por las descargas de la artillería soviética, sino por las deficiencias de la política criolla y la consiguiente vulnerabilidad ideológica de las masas. El comunismo llegó a Cuba por las incorrecciones de la República, no por una invasión militar extranjera. Es más, Fidel Castro fue producto de esa república ya nacida con el germen del fracaso. De Estrada Palma al "Máximo Líder" podría hacerse todo un árbol genealógico de la infamia. En efecto, de "El Tiburón" (que, recordemos, "se baña pero salpica"), a "El Hombre", pasando por "El Mayoral" y "El Egregio", todo apuntaba a la aparición de un sátrapa todavía peor. Y lo tuvimos, pues todo mal no corregido degenera en uno más grave aún.
 Los caudillos y dictadores cubanos eran conocidos por diferentes sobrenombres. Algunos fueron seleccionados e impuestos por ellos mismos; otros, producto de la adulación de su entorno. A continuación sus identificaciones, en orden cronológico: "El Tiburón", José Miguel Gómez; "El Mayoral", Mario García Menocal; "El Egregio", Gerardo Machado; "El Hombre", Fulgencio Batista; "El Máximo Líder", Fidel Castro. Otras veces el mote era para mofarse del personaje a sus espaldas, vía el conocido choteo cubano.
 La historia como luz de la verdad habrá de comprobar que Fidel Castro no fue causa, sino efecto. Llegó, incluso, a formar parte del círculo político íntimo de Eduardo Chibás  y hasta aspiró a un escaño en la Cámara de Representantes, aunque fue rechazado por el electorado. Posteriormente ‒con la complicidad de muchos, ya fuera por miedo, oportunismo o convicción‒, se convertiría en fuente de la destrucción total de la república, pero sólo porque antes había sido un funesto corolario de sus insuficiencias innatas. La República de Cuba fracasó no por lo que tuvo de Fidel Castro, sino por lo que no tuvo de José Martí. De ahí su naufragio político a pesar de los destacados alcances económicos, sociales y culturales del período, luego devastados todos por el castrismo.
Si queremos que una Cuba post-Castro no sea una continuación de lo mismo, se hace imprescindible poner en práctica la otra definición ciceroniana de la historia: "vida de la memoria". Si olvidamos, escamoteamos o intentamos empequeñecer los yerros políticos de la primera República de Cuba encandilados por sus incuestionables conquistas en otros campos, lo más probable es que los repitamos en la segunda. Si tratamos de hacer lo propio con los horrores del totalitarismo en base a una supuesta reconciliación nacional sin enmiendas previas, nunca tendremos una república "con todos y para el bien de todos". Es imposible hacer 'borrón y cuenta nueva' con la historia, porque es memoria viva. No puede haber reconciliación sin justicia, por cuanto el bien no puede reconciliarse con el mal, pues dejaría de serlo. Mantenerse neutral, indiferente o conciliador entre el bien y el mal significa apoyar el mal, máxima válida tanto para historiadores, políticos o simples ciudadanos. No es lo mismo una transición desarmada que desalmada. Seamos, pues, respetuosos con las víctimas y consecuentes con la historia: mantengamos la memoria viva
Pero una memoria activa, más allá del recuerdo del tiempo perdido por lo que pudo ser y no fue. La siguiente enunciación de Cicerón nos da la pauta: la historia como "maestra de la vida". No podemos hacer de nuestras existencias lo que deberíamos si no aprendemos de lo vivido antes; es decir, si no tomamos lecciones de la historia. Los maestros enseñan a sus alumnos a desarrollar sus aptitudes y a pulir sus actitudes. La historia, como "maestra de la vida", enseña a los pueblos a desarrollar sus aptitudes políticas, sociales, culturales, religiosas y, al mismo tiempo, a pulir las actitudes para el desarrollo de esas aptitudes. En el caso cubano en particular, la actitud errada condujo a la deformación de sus aptitudes. La historia es maestra de la vida; lástima que hayamos tenido tantos aventajados discípulos de la muerte. Volvamos, pues, a tomar las lecciones de la "maestra de la vida" no aprendidas, mal asimiladas u olvidadas.
Ejemplos: a Eduardo Chibás (ver nota siguiente) se le conocía como "El Loco", por su comportamiento errático, y a Fidel Castro como "Bola'e'churre", por sus deficientes hábitos higiénicos personales. Eduardo Chibás (1907-1951), político cubano fundador en 1947 del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), famoso por su uso de la radio como instrumento político. Se intentó suicidar, precisamente, en un estudio radial durante un programa en vivo (aunque su acción no salió al aire, por haberse acabado el tiempo del programa). Murió días después a resultas de la herida ocasionada por el disparo que se hiciera en el abdomen.
 Por último, la condición de la historia como "noticia de la antigüedad", según la tesis ciceroniana, es tan válida para Cuba como para el resto de los países. Lo antiguo es la antítesis de lo moderno. Intentar repetir lo pretérito en la modernidad es un sofisma estéril, propio de tertulias retóricas más que de intenciones objetivas. En nuestro proceso actual un ejemplo típico es el deseo de algunos de reinstalar la Constitución de 1940 en una Cuba post-castrista. Dicho cuerpo legal fue en su tiempo un hito de modernidad, producto de un consenso cívico de altos objetivos. Entre sus redactores estaban las mentes más claras y honestas de la Cuba de entonces. Se intentó con su promulgación enmendar los errores políticos cometidos entre 1902 y 1940: era una Constitución que a largo plazo se acercaba, finalmente, a la creación de una república martiana. Pero, como es sabido, no hubo un largo plazo para la Constitución del 40. La república de 1902 nació con el mal dentro: Tomás Estrada Palma; la de 1940 con otro agente mortífero en su interior: Fulgencio Batista. El 10 de marzo de 1952 fue la prueba definitiva de la fragilidad de la Constitución del 40. La reinstauración literal de la misma conllevaría la continuidad de su precaria condición. La Constitución del 40 bien que podría ser el punto de partida de una nueva constitución con intenciones parecidas o semejantes; pero siempre tendrá que ser otra constitución: la Cuba de 1940 no es la Cuba de 2014.
He querido, con esta glosa de la definición del concepto de Historia de Cicerón aplicado a Cuba, llamar la atención sobre lo mucho que tenemos que hacer los académicos cubanos de estas primeras décadas del siglo XXI, así como de los temas tan polémicos y espinosos que debemos afrontar sin ambages. Las nuevas generaciones de cubanos, confundidas, frustradas y escépticas como consecuencia del largo adoctrinamiento estéril en que se formaron, necesitan de todos nosotros. El catequismo castrista no dio resultado, pero ha fomentado una "doble moral", un escepticismo y una apatía que hace que muchos de nuestros jóvenes hasta rechacen a José Martí y hayan perdido su amor por Cuba. Cierto que, con la excepción de los valientes opositores, siguen repitiendo forzados las mismas consignas oficialistas de siempre; pero ya ninguno se cree el viejo cuento. Es más, las endémicas carencias materiales han traído como resultado que para muchos de ellos sólo lo material sea importante; lo abstracto, un absurdo; el mañana, una utopía. Según la óptica generalizada de los jóvenes cubanos de la actualidad sólo existe el hoy, desgajado irremisiblemente del ayer, sin extensión o reflejo futuro alguno.
Es nuestro deber recuperar, mediante un historiar objetivo, libre de toda retórica pueril, el legado cubano que muchos de nuestros jóvenes desconocen o rechazan; volver la vista atrás para andar hacia adelante; pasar de la nostalgia del anteayer a la nostalgia del pasado mañana.
En referencia al papel determinante de la industria azucarera en la economía de la República, se solía decir que "sin azúcar no hay país", entendiéndose "país" no como accidente geográfico, sino como unidad histórica. Hace poco leí una parodia de dicha frase con relación a la importancia de los cubanos fuera de Cuba para la economía criolla: "sin Miami no hay país". La historia demostró que sin azúcar siguió existiendo el país, y no dudo que continúe vigente aun cuando Miami deje de ser una fuente financiera esencial para Cuba. Pero de lo que sí estoy seguro es que sin amor patrio, no hay país. Señores académicos, trabajemos juntos para que en Cuba siempre haya país. Muchas gracias.
El Dr. Eduardo Lolo es profesor, escritor y bibliógrafo. Varios de sus libros están dedicados al estudio de la vida y la obra de José Martí. Ha recibido importantes galardones, tales como el Premio Letras de Oro. Actualmente, entre otras funciones, es Presidente de la Comisión de Bibliografía y Hemerotecnia de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y Presidente del Capítulo New York-New Jersey de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio. Para más información, ver http://eduardololo.com
 

CUBA-2015, AÑO DE FRACASOS Y MENTIRAS

Posted: 23 Feb 2016 10:16 AM PST

secretaria@centrocubanodeespaña.com

En 2015 se produjo menos leche que en 2006, cuando el dictador asumió el poder. Y la producción de leche del 2015 es la mitad de la de 1958.


El gobierno terminó 2015 anunciando que la economía creció un 4%. Será solamente en informes y discursos, porque en la vida real ¿dónde está ese supuesto crecimiento? Ni hay más comida en la mesa de los cubanos, ni más productos en los agromercados, ni mejora el abastecimiento de agua a la población, o el transporte, ni se consigue más ropa y calzado, ni mejoran la enseñanza en las escuelas o los servicios médicos a la población. Ni se reducen la insalubridad o las epidemias. O los apagones.  

¿De qué crecimiento hablan? ¿Que el gobierno recibió más dinero explotando médicos y trabajadores de la salud en el extranjero? ¿O que vinieron más turistas, aislados en cayos y playas inaccesibles a los cubanos? Esos ingresos no mejoran la vida de la población, que no logra ver el supuesto "crecimiento".
Nada mejora. Siguen gastando miles de millones de dólares importando alimentos que podrían producirse en Cuba, pero la alimentación de los cubanos no está mejor que el año anterior y las tierras atiborradas de marabú se multiplican. ¿Recuerdan la promesa de Raúl Castro del vaso de leche diario para cada cubano?
En 2015 se produjo menos leche que en 2006, cuando el dictador asumió el poder. Y la producción de leche del 2015 es la mitad de la de 1958. 

¡Qué manera de crecer durante 57 años! En el 2014 dijeron que con la Ley de Inversión Extranjera aprobada las cosas mejorarían. Necesitaban entre 2 mil y 2 mil quinientos millones de dólares anuales en inversión extranjera para crecer entre un 5 y un 7% anual. Y crearon la Zona de Desarrollo Especial de El Mariel para facilitar esasinversiones. Pero los esperados capitales extranjeros no aparecen. Muchos inversionistas extranjeros no creen en las promesas de la dictadura y no arriesgan su dinero irresponsablemente.
 

ANECDOTARIO DE VIEJAS LEYENDAS CUBANAS

Posted: 23 Feb 2016 09:11 AM PST


EL CRISTO DE LA VEREDA


 A cargo de René León poeta e historiador
 Gentes de todas las clases y condiciones, en busca unos de salud y otros de dinero. En la época a que se refiere  la leyenda de EL Cristo de la Vereda, Trinidad conservaba su antiguo esplendor  y riqueza, que la habían hecho famosa en Cuba. Los trinitarios para trasladarse a la capital, tenían que hacerlo por el antiguo camino de Trinidad a La Habana, pasando cerca del Castillo de Jagua, la Milpa, Pasa Caballos y las Auras.
     Cierto día sorprendió a unos pasajeros la misteriosa aparición  de un Cristo de tamaño natural, que pendía de gruesa y tosca cruz formada por troncos de un almácigo. Despertó sé la curiosidad  de lejanos lugares, curiosos que se habían enterado de la divina aparición, empezaron a llegar. No tardaron  de atribuirle acciones milagrosas. El bondadoso Cristo dispensaba su protección a los caminantes y restituía la salud a los enfermos. La fama milagrosa del Cristo de la Vereda se extendió rápidamente por todo el territorio. Afluyeron al venerable lugar
    Desgraciadamente, no todo era ventura. Ocultos en la manigua o en las escabrosidades del monte, esperaban los bandidos el paso confiado de los caminantes para despojarlos de su bolsa. Los asaltos y robos fueron tantos, que contadas eran las personas que se atrevían a transitar por aquellos lugares. Las autoridades recomendaban precaución  a todos los caminantes, única manera de evitar una agresión por parte de los bandoleros.
    Sucedió, pues, que una mañana, los que se veían obligados a transitar por  los peligrosos lugares, fueron sorprendidos por el macabro espectáculo de un hombre, ya cadáver, pendiente por una cuerda de las ramas del añoso almácigo.  Difícil era acertar lo sucedido. Lo que estaba fuera de duda que el ahorcado, a juzgar por su cara y su cuerpo, resultaba ser el mismo Cristo crucificado de la Vereda.
     Por supuesto que no pasaría de ser una ilusión. Pero lo cierto es que desde el día que apareció aquel hombre ahorcado, cesaron los robos y asaltos, y lo que es más extraordinario e inexplicable, cesaron los milagros, que hacía el Cristo de la Vereda.

 

POPULISMO, MADE IN USA

Posted: 23 Feb 2016 09:01 AM PST

Pedro Corzo historiador y periodista

 Estados Unidos es el escenario de una campaña muy singular en la que se debaten dos propuestas populistas antagónicas  en origen y objetivos, abanderadas por sendos candidatos con caracteres y proyecciones que no pueden ser más diferentes.
 Otro aspecto de interés es que aunque los discursos y sus respectivas propuestas son radicalmente opuestos, ambas parecen contar con suficiente respaldo para que cada uno de sus líderes aparenten tener posibilidades de éxito, lo que demuestra que al menos  un importante sector del electorado  estadounidense,  está a favor de cambios radicales con orientaciones disparejas.
 En los países latinoamericanos, predios favoritos de caudillos cargados de promesas con poca capacidad y menos disposición para cumplirlas, muy pocas veces, si es que ha ocurrido, se ha presentado más de un hacedor de sueños en una misma elección como acontece este año en el país más poderoso del mundo.
 El populismo no es precisamente la expresión de una doctrina determinada. En ocasiones es una mezcla de ideas y propuestas difíciles de encasillar. Por ejemplo Benito Mussolini trasmutó de líder socialista a dictador fascista y Fidel Castro con un discurso nacionalista y de justicia social, impuso una autocracia sostenida sobre  normas marxista.
 El populismo se identifica más por las denuncias de sus abanderados, que por la ideología que promuevan o  que hayan encarnado en el pasado.
 Consideran las instituciones del estado un estorbo a eliminar. El hechizo de sus propuestas harán posible la construcción de sus promesas. El populista recurre a los sentimientos y frustraciones ciudadanas, manipula a sus seguidores hasta transformarlos en una masa de partidarios  irritados sin capacidad para dirimir racionalmente lo negativo o positivo de lo que apoya o rechaza.

 Los populistas más que ideas elaboradas sostenidas sobre pesquisas serias, trabajan con consignas, recurren a propuestas milagrosas sin aventurar el mecanismo y sostenimientos de las soluciones que pregonan. La mayoría de los dirigentes populistas han irrumpido en la política de forma abrupta, prácticamente sin antecedentes en la gestión social, con discursos y propuestas contrarias a lo convencional, presentando soluciones radicales a los problemas, y generando crispación y rivalidad en la comunidad.
 Aunque  no hay reglas sin excepción. Hay quienes después de estar años identificados con una agrupación política,  deciden reinventarse y asumir posiciones de liderazgo a  través de la radicalización de sus propuestas o cambian drásticamente de rumbo por oportunismo o convicción.
 Su bandera es la de la conveniencia.  Atacan el sistema y a quienes lo representan, se presentan como excluidos sin importar las posiciones políticas que ocupen o la fortuna que disfruten.  Rechazan la política y a sus representantes con propuestas demagógicas, divisivas, denigran el sistema aunque hayan sido o sean parte del mismo.
 Las diferencias de carácter,  origen y formación entre Donald Trump y Bernie Sanders son abismales,  sus propuestas radicalmente opuestas y sus objetivos muy diferentes.  
 Trump, es un empresario exitoso, egocéntrico, con un lenguaje fuerte y agresivo,  a veces grosero, que recurre con frecuencia a la ofensa. Presenta una imagen de hombre duro dispuesto a usar medidas extremas contra quienes le adversen.
 Ha coqueteado con alguna regularidad con la política, pero culpa a los profesionales de la misma de no haber resuelto los problemas y hasta de agravarlos, por no asumir los riesgos que puedan derivarse de soluciones drásticas.  Sus promesas no exponen,  como es habitual,  las formulas para resolver los problemas sociales. Contrario al discurso populista regular,  no promete mejoras salariales y afirma que la economía debe ser conducida por los hombres de negocios.  
 Bernie Sanders,  es un político profesional. Está en el congreso desde 1991. Se confiesa socialista, y su populismo si transita por lo políticamente correcto. Sus propuestas de "cambio real" auguran una especie de refundación nacional. Su discurso enfatiza las diferencias entre ricos y pobres, lo que se traduce como la promoción de una lucha de clase capitaneada por un senador  que aunque ataca el sistema, forma parte del mismo y hasta aspira a ser presidente.
 Solo se puede entender el respaldo popular alcanzado por Trump y Sanders en virtud de la frustración del electorado, ante los malos manejos de la clase política. Ambos candidatos de tendencias extremistas,  de acceder a la presidencia,  afectarían dramáticamente el presente y futuro de la nación.
 Pero lo  menos comprensible es que un número notable de jóvenes, estudiantes en particular,  respalden propuestas de un candidato que defiende ideas que la historia ha demostrado que solo conducen al fracaso económico y a la pérdida de los derechos ciudadanos, pero también es devastador, que otro sector del país, apoye a un individuo capaz de afirmar que sus partidarios son tan leales que votarían por él aunque le disparase a las personas. 

LA PACIENCIA Y EL RUMBO

Posted: 23 Feb 2016 10:11 AM PST


Alberto Medina Méndez


En estos tiempos la discusión parece centrarse en la velocidad con la que se deben generar los cambios, en la calidad y en la profundidad de las eventuales transformaciones necesarias. Tal vez valga la pena dedicarle unos instantes a reflexionar sobre el vínculo de la paciencia y el rumbo,  aspectos que intentan mostrarse de forma aislada pero que tienen indivisibles conexiones conceptuales.
Luego de tantos años de políticas equivocadas y ademanes autoritarios, de desmesurada dilapidación de recursos y de obscena corrupción, parece justo pretender que se de vuelta la página asumiendo que la etapa que viene debe ser sustancialmente mejor que la que se está dejando atrás.
     Es inevitable, en ese proceso, que asomen las ansiedades y que todo lo anhelado se reclame con mayor vehemencia. La infantil idea de que todo se resuelve con un simple "chasquido de dedos" es, a todas luces, una gigantesca fantasía y es parte del tradicional pensamiento mágico tan enquistado en estas sociedades.
     Cierta expectativa desproporcionada nubla la vista y se aparta de la realidad. Es pertinente señalar que esas esperanzas han sido intencionalmente alimentadas desde la política en temporada proselitista y no provienen de la típica ingenuidad de la gente. En esto tendrán que hacerse cargo de las promesas de campaña y de los desafortunados recursos discursivos utilizados para seducir oportunamente al electorado.


      La existencia de condiciones generales preexistentes, bastante negativas por cierto, no contribuye demasiado complicando la marcha, obligando a usar la creatividad y agudizar el ingenio para sortear esos escollos que tampoco fueron suficientemente previstos, ni debidamente dimensionados.
En ese contexto, el debate sobre "gradualismo o shock" se ha instalado y parece que vino para quedarse. Algunos creen que los problemas deben extirparse de una sola vez, porque así se podrá evolucionar más rápidamente. Por el contrario, otros sostienen que hay que evitar significativos impactos de esas decisiones sobre la comunidad y afirman que los logros deben conseguirse de un modo progresivo y por etapas.
     Es probable que en esto no se pueda ser tan absoluto. Los remedios para resolver ciertos dilemas deben estar dotados de contundencia y frontalidad, pero en otras ocasiones se requiere de una secuencia extendida. La mayoría de los ciudadanos parece preferir, en términos generales, una estrategia más pausada. Bajo ese paradigma piden eufóricamente paciencia e invitan a generarle espacio a los gobernantes para que puedan maniobrar en la coyuntura y abordar cada asunto sin la clásica presión de la premura cívica.
     Sin embargo, un ingrediente central parece escapar a este simplificado análisis tan habitual, que pretende exhibir aristas de aparente racionalidad. Es cierto que se debe tener paciencia cuando el camino elegido ha sido el adecuado, porque es muy razonable que si se está avanzando en el itinerario acertado se reclame serenidad, inclusive cuando las expectativas no se estén cumpliendo en su totalidad.
     Ese planteo es lógico pero solo cuando se peregrina por el derrotero apropiado. No puede resultar deseable jamás tener paciencia frente a las rutas mal elegidas. Si el gobierno no hace nada sobre una cuestión, solo gira en círculos o  va en la dirección exactamente contraria a la deseada por casi todos, la paciencia es, seguramente, la peor de las actitudes.
     Si alguien tuviera que viajar hacia el norte seleccionará la carretera que lo lleve hacia ese lugar. Si para lograr el objetivo final y llegar a destino se tarda un poco más o un poco menos, allí entonces cabe tener presente las circunstanciales dificultades y dotarse de una dosis de estoicismo.
     Pero, siguiendo el mismo ejemplo cotidiano, si el norte fuera el fin último y se optara por viajar hacia el sur, se estaría transitando el tramo inapropiado. En esa situación la paciencia no suma y sólo hará que el objetivo se encuentre cada vez más distante. Cuando se tome nota del yerro, las chances de alcanzar el éxito habrán quedado a contramano.
     Por eso es importante diferenciar situaciones y comprender que la paciencia debe permitir soportar con heroísmo los inconvenientes en el tránsito hacia el destino preciso, pero jamás puede ser una aliada cuando se ha fallado en la construcción del diagnóstico y todo se encauza en la dirección inversa.
Los gobiernos administran una infinita lista de disyuntivas. En algunos temas están bien orientados y saben adónde ir. Pueden dudar, pueden ser más lentos que lo esperable, hasta es posible que no encuentren las mejores herramientas o las personas ejemplares para lograr ese cometido. En esos casos, la paciencia es una virtud y es saludable ser tolerantes y otorgar mayores márgenes para que lleguen a destino en algún momento.
       Pero en todo aquello en lo que, los gobernantes no encuentran la senda, cuando la quietud o el interminable zigzagueo demuestran desorientación, o peor aún, cuando se alejan del propósito, no corresponde tener paciencia alguna. Allí, la supuesta clemencia y comprensión se convierte en un disparate imperdonable. No se ayuda siendo cómplice de los desatinos, ni tampoco postergando los señalamientos frente a los desaciertos evidentes.
       Aportar paciencia en esos asuntos que están prudentemente encaminados y en los que el tiempo es la variable para llegar a la meta parece muy atinado. Ser condescendientes frente al error grosero de los gobiernos, cuando es evidente que no dan en la tecla y deambulan sin brújula, o peor aún, cuando se recorre el rumbo opuesto, constituye una postura negligente y pone en evidencia una escasa inteligencia ciudadana.




 

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