(FUERA DEL AIRE TEMPORAL) Hora del Este (Miami)

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domingo, 7 de febrero de 2016

Enfoque Magazine 3

Enfoque Magazine 3


PARA SALIR AL FRENTE DEL RUMOR

Posted: 06 Feb 2016 08:52 AM PST


Nota informativa de La redacción. De ENFOQUEM3   

    De manera sospechosa, se ha filtrado la NOTICIA de que estamos negociando con el conocido periodista don Sindulfo Vinagreta y Hunga de Vaca, que ha regresado al Sur de la Florida luego de su prolongada estancia en el Tibet, donde estuvo sumido en los profundos conocimiento del budismo más puro, bajo la supervisión personal del Dalay Lama.

    Hoy, esperamos, que don Sindulfo, luego de zanjar los complicados términos de su contrato pase a ser parte del Staf  informativo de esta publicación.

    Como muchos conocen, y otros lo descubrirán pronto: don Sindulfo es un aguzado periodista investigativo, con pocos pelos en la lengua e interesado en hacer llegar las noticias, más, inverosímiles al público más inteligente…

    Dicho así, y en breve, luego de finalizar los términos del delicado contrato y sumido en profundas dudas existenciales de "quien filtro la noticia", volveremos a disfrutar del trabajo de don Sindulfo Vinagreta y Hunga de Vaca.

    Gracias
Nota: Luego de una prolongada estadía en las montañas tibetanas, su seguridad personal y su paso por el quirófano de un conocido cirujano plástico, puede que don Sindulfo, luzca un nuevo "look".

LA QUIEBRA DE LA DEMOCRACIA

Posted: 06 Feb 2016 08:18 AM PST

Por Pedro Corzo, periodista e historiador

Cada vez son más las personas que hacen dejación de su derecho al voto y cuestionan la importancia de los partidos políticos como instrumento para la promoción de las ideas, la solución de los problemas de una sociedad y como estructuras adecuadas para presentar individuos que interpreten a cabalidad las necesidades de una  comunidad.
La competencia de varios partidos en una justa electoral es una muestra de la fortaleza de la democracia, condición que se debilita cuando esas instituciones se agotan, lo que resulta en el deterioro del modelo democrático de gobierno. 
Los Partidos son el instrumento adecuado para educar y formar al elector, y a los aspirantes a puestos públicos. Las escuelas ideales para formar a la sociedad en deberes y derechos. El vínculo idóneo entre el electorado y los candidatos y la garantía relativa de que el funcionario electo se ajustara a las propuestas de la agrupación política a la que pertenece.

La selección de los candidatos es una de las principales obligaciones de los Partidos, pero la decadencia de esas organizaciones ha incidido negativamente en la idoneidad de sus representantes, lo que facilita el surgimiento de "francotiradores".
Estos sujetos solo interpretan sus intereses y los de su entorno más próximo, son representantes genuinos de la descomposición de los partidos. Estos sujetos por lo regular no provienen de los partidos, son un subproducto de la crisis de las organizaciones políticas, una especia de guerrilleros en el servicio público  que atacan el sistema en su conjunto y prometen soluciones mágicas para todos los problemas.
La pérdida de fe en los baluartes de la democracia favorece el surgimiento de los demagogos, personajes que con un discurso incendiario, repleto de medias verdades, cargado de resentimientos, sectarismo y frecuentemente con un discurso de  nacionalismo extremo, manipulan las frustraciones del elector para su provecho.
Estos embaucadores  escogen un sector o clase social para sus ataques. Trabajan arduamente para crispar la sociedad, un factor determinante en la generación de condiciones que hagan posible su acceso al poder. Explotan el desencanto del electorado causado por los malos manejos de los políticos.  Sus discursos son pasionales, provocadores,  con un lenguaje irreverente, no exento de vulgaridades y groserías.
Son individuos particularmente peligrosos cuando cuentan con la capacidad de ejercer una gran influencia sobre las masas. Sus propuestas tienden a ser extremistas, pero también abordan temas que la mayoría de los políticos prefieren obviar, lo que hace que el electorado les preste atención, a la vez que se gestan  corrientes de opinión contrarias a un sistema en la que prime la división de poderes.   
Sus críticas contra lo establecido son muy severas, al punto que captan sectores  que  nunca se han considerado interpretado por los políticos, que son los que asumen la vanguardia en la defensa de las propuestas del caudillo. Se forma una especie de espiral en la que el caudillo es cada vez mas incendiario y el populacho mas dependiente de su furia destructora.
La democracia en su condición de hábitat ideal para los políticos y de garantías para los ciudadanos, ofrece a estos demagogos numerosas oportunidades para su promoción, mientras atacan al sistema que les acoge y brinda las oportunidades que ellos están prestos a negar si acceden al gobierno. 
Quizás fueron esas las causas que inspiraron a Winston Churchill, el histórico premier británico,  a expresar en una oportunidad que "la democracia era el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás", una realidad irrebatible porque no hay sociedad libre de la amenaza que representan estos desestabilizadores de oficio.
La democracia es alternancia en el poder, tolerancia, libre debates de propuesta, voto secreto y universal, pluralismo de partidos y respeto a las minorías, pero ninguna de esas condiciones son suficientes  si no hay una alta  participación ciudadana en las justas electorales.
En los últimos años se ha apreciado en diferentes países del hemisferio regido por democracias el surgimiento del despotismo electoral, una consecuencia de las ventajas que ofrece un sistema,  que mas allá de sus imperfecciones, hace posible que individuos y grupos la demuelan con el objetivo de  instaurar dictaduras institucionales, lo que manifiesta que la democracia es el único modelo de gobierno con capacidad para la autodestrucción.

 

 





 

    

EL FRAUDE DE LA TARIFA SOCIAL

Posted: 06 Feb 2016 08:02 AM PST

Por Alberto Medina Méndez (albertomedinamendez@gmail.com)

La idea de subsidiar el consumo de ciertos servicios esenciales dista de ser original. Es una larga historia, que el paso del tiempo solo ha ido perfeccionando perversamente como parte del nutrido andamiaje que ha montado desde hace mucho la demagogia populista contemporánea.
              Parafraseando a Álvaro Alsogaray, vale aclarar que decir que una tarifa es social, es una absoluta redundancia. Es que no existe tal cosa como una tarifa animal, vegetal o mineral porque solo los seres humanos pueden hacer transacciones de estas características.
             La visión que propone que un sector de la sociedad pague, por un bien cualquiera, menos que los demás a expensas de ellos esconde innumerables falacias y una indisimulable hipocresía.
             La gratuidad es un gran embuste, porque invariablemente alguien siempre paga la cuenta. La discusión real pasa por establecer con claridad quién financiará finalmente ese monto. Es que si alguien paga menos es porque otro paga más. Hasta es posible que el mismo beneficiario termine sosteniendo ese cargo a través de los infaltables vericuetos estatales.

             A nadie sensato se le ocurriría que el precio de un bien dependa de la situación de quien lo compra. Cuando los que más tienen pagan un valor superior al resto, se institucionalizan incentivos para preferir la miseria al progreso, denostando a quienes se esmeran por superarse.
            Sin embargo, son demasiados los que validan con determinación este pérfido argumento. Ocurre muy especialmente cuando se trata de servicios públicos, como el caso de la energía eléctrica, probablemente el más emblemático y habitual de esta era.
            Muchos están convencidos que hacerlo constituye un verdadero acto de justicia. Ellos sostienen que quienes disponen de escasos recursos deberían pagar un valor inferior por idéntica prestación. Suponen, ingenuamente, que se puede hacer esa excepción, sin consecuencia alguna, como si esa ayuda surgiera mágicamente de la nada o esa bendición cayera del cielo.
           Si alguien sigue pagando lo mismo y a otros les incrementan sus costos, es porque los últimos abonarán un valor mayor al que corresponde, solo para solventar la subvención de aquellos que discrecionalmente resultaron agraciados.

Preocupa la inmoralidad de este retorcido principio que intenta camuflarse detrás de la sensibilidad y el altruismo. Quienes enarbolan estas banderas creen que la persona auxiliada no puede valerse por sí misma, al punto de considerar imprescindible que el "subsidiado" transite el humillante proceso de exhibir su paupérrima condición, a través del cumplimiento de determinados requisitos formales para acceder a ese privilegio.
La creatividad para denigrar a la gente parece infinita. Es que el supuesto beneficiario debe, bajo esa tesis, demostrar fehacientemente su circunstancia con certificados de pobreza, revelando que recibe programas sociales, que sus ingresos no superan cierta caprichosa cifra fijada por el burócrata de turno, que es jubilado, pensionado, desocupado o discapacitado, inclusive explicitando su actividad cotidiana como ocurre con el servicio doméstico, con la consiguiente estigmatización que eso implica.
Se trata de una canallada con mayúsculas, perpetrada por los mismos que declaman su preocupación por los que menos tienen pero que a la hora de asignar recursos menoscaban sin piedad alguna a los presuntos favorecidos.

No solo los funcionarios que diseñan la ingeniería de esta despiadada herramienta, sino también los ciudadanos que tratan de legitimar esta modalidad, no aportan su dinero para este filantrópico fin con el que ellos comulgan. Lo que hacen es lo de siempre, imponer a través de la fuerza de la ley, Estado mediante, un saqueo generalizado a todos los contribuyentes forzándolos a cumplir con sus cuestionables deseos personales.
El sistema de precios es un orientador vital para la asignación eficiente de recursos. Los subsidios e impuestos, o cualquier otro componente exógeno, solo distorsionan la matriz básica y alejan las posibilidades de alcanzar un genuino equilibrio que derive en las esperables soluciones reales.
Si el loable propósito es que todos abonen menos por cualquier servicio, primero habrá que comprender la dinámica económica. El camino es abrir el juego, garantizar el máximo de transparencia posible en los mercados y reducir las barreras de acceso para que cualquier prestador pueda hacerlo.
Cada uno, como sucede en otros ámbitos, debe consumir lo que puede y quiere en función de lo que sus ingresos le permiten, sin pretender que otros se hagan cargo de sus coyunturales necesidades. El trabajo es el medio adecuado para obtener lo necesario y disfrutar no solo de una vida digna, sino del progreso como anhelo natural de la especie humana.
Una sociedad que por un lado hace una eterna apología de la pobreza y por el otro la ofende enrostrándoselo públicamente tiene mucho que reflexionar. Premiar a los más débiles con dádivas y esquilmar a los que prosperan gracias a su esforzado trabajo obligándolos a pagar más, es una actitud ciudadana que denota una escala de valores que merece ser revisada.
En tiempos de innegable cinismo, de ambigüedades ideológicas evidentes, de discursos que se recitan en público afirmando lo que parece políticamente correcto para reservar las profundas convicciones al ámbito de la conciencia individual, demuestran que esta comunidad ha hecho méritos suficientes para padecer el fraude de la tarifa social.


 

CADENA PERPETUA

Posted: 06 Feb 2016 07:48 AM PST


Por, Luis Marín abogado y politólogo venezolano

 
Las cadenas son una violación masiva de Derechos Humanos, si se considera que la libertad de expresión y comunicación son derechos humanos fundamentales. Importa poco que éstos sean despreciados por un acuerdo tácito de élites porque siguen siendo irrenunciables, no taxativos y su catálogo es tan elástico como la osadía de los tiranos.

Por un lado, cuando uno solo acapara el espectro radioeléctrico excluye a los demás del acceso a un medio al que todos tienen idéntico derecho; por otro lado, les está privando de la posibilidad de elegir lo que quieren ver u oír y, en la mayoría de los casos, obligándolos a ver y oír lo que no quieren.
De manera que la violación es doble: una, impidiendo hacer lo que se quiere; la otra, obligando a hacer lo que no se quiere. Ambas son atropellos intolerables, pero lo primero que llama la atención es la escasa resistencia que despiertan, sea en los afectados directos, esto es, la población usuaria; luego en la élite dirigente, el liderazgo político y los hacedores de opinión que también son afectados directos; por último, de los medios mismos que, en principio, son negocios privados.
Para poder explicar una situación tan incomprensible habría que apelar a un poco de historia, que en nuestro caso resulta muy sencillo porque desde su fundación Venezuela siempre ha estado regida por caudillos militares que nunca han tenido el menor respeto por las opiniones de los demás.
Pero luego ha estado dirigida por caudillos civiles de ideología socialista, sea marxista o cristiana, que tampoco han mostrado ninguna atención por las opiniones ajenas, al contrario, el afán de homogeneidad y nivelación de la opinión han sido siempre objetivos íntimamente acariciados y explícitamente declarados.
Las cadenas, hay que reconocerlo, son un legado del período democrático, lo mismo que las confiscaciones, expropiaciones y el llamado "fin social de la propiedad"; pero claro, como en todos estos casos, antes se ejercían con moderación y dentro de parámetros de cierta legalidad y racionalidad, única diferencia tangible entre socialismo y comunismo.
Esta es otra demostración, si hiciera falta alguna, de que el chavismo no es otra cosa que la etapa superior del adequismo, es decir, una suerte de exacerbación de los vicios pasados, dentro de los que hay que incluir la corrupción, el nepotismo, el sectarismo y el más olímpico desprecio por las demás personas, incluso, por supuesto, sus derechos a tener una opinión libre y responsable, basada en una información independiente.
Así puede explicarse, de paso, el por qué la oposición oficial no protesta por las cadenas sino muy por el contrario, muestra una suerte de satisfacción al participar en ellas, como si prefiguraran lo que sería su propio gobierno, teniendo en sus manos las posibilidades de arbitrariedad y abuso consolidadas en estos años de tiranía militar comunista.
Todos demonizan al unísono la palabra "privatización" como un anatema mortal; ninguno dice que haya que eliminar el control de cambios, ni de precios, el monopolio estatal sobre la industria petrolera o cualquier otra, dar libertad económica o cualquier  libertad, porque eso sería "liberalismo" que, como se sabe, está proscrito del leguaje oficial, tanto del gobierno como de su alternativa democrática.
Debe observarse que la oposición se define democrática pero aclara que no es liberal, lo que es significativo considerando, por ejemplo, que la República Democrática Alemana, de Vietnam o del Congo, entre otras, ponen de relieve que comunistas y demócratas han encontrado un denominador común: el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo como coartada para la tiranía perfecta.
De manera que no debe abrigarse la menor esperanza de que el "¡abajo cadenas!" tenga algo más que el significado simbólico de himno para ser canturreado cuando convenga.

Habrá cadenas para todos y para rato.

 

 

 

ANECDOTARIO DE VIEJAS LEYENDAS CUBANAS

Posted: 06 Feb 2016 07:35 AM PST

El Sacristán de la Iglesia Parroquial
Los Piratas en Trinidad
A cargo de René León, historiador y poeta

El apellido del sacristán de la Parroquia era Domínguez. Acostado estaba en su hamaca cuando sintió tiros y gritos que venían de la calle empedrada. Corrían los vecinos perseguidos por los piratas ingleses. El escándalo de los piratas que se dirigían a la pequeña parroquia. Se lanzó a proteger el lugar santo. Un pirata al verlo que salía de su humilde hogar, lo alcanzó y le dio una cuchillada en el vientre, cayendo el pobre hombre al suelo. Se le salía el vientre, las vísceras, como pudo se levantó y tomando un pedazo de su camisa, taponeo la herida, llegando a la parroquia, los piratas se habían llevado las pocas cosas de  valor, pues nada tenía. Se dirigió al altar y recogiendo las ostias se dejó caer y se fue comiendo las sagradas formas ya profanadas por los piratas. Contaría después el Padre Pinzón que el sacristán cayó examine al suelo con los brazos abiertos en cruz, y los ojos mirando hacia el cielo.  ¡Estaba muerto!

  Cuenta la historia que cuando sonaban las campanas de las Iglesias, se veía correr  un hombre con rumbo a la parroquia, y cerraba sus puertas. Otros cuentan que por las tardes  se veía a un hombre con un camisón negro de rodillas frente al altar, y cuando una persona se acercaba a él desaparecía envuelto en una sombra. Todos esas personas decían era el espíritu del sacristán.

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