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viernes, 26 de agosto de 2016

CINCO DÍAS QUE HAN PUESTO A TEMBLAR A HILLARY

 


 

CINCO DÍAS QUE HAN PUESTO A TEMBLAR A HILLARY.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

Entre el 15 y el 19 de agosto, Trump pronunció una serie de discursos sobre el mejoramiento de la economía, la derrota del terrorismo islámico, la restauración del orden interno y la recuperación del prestigio internacional de los Estados Unidos.

Con la ayuda de una prensa parcializada a su favor y de las heridas auto provocadas de Donald Trump, la barca política de Hillary Clinton, como en "La Canción del Pirata" de José de Espronceda, navegaba "viento en popa a toda vela" hacia el puerto seguro de una victoria electoral el 8 de noviembre. En tal sentido, el 8 de julio, una encuesta de NBC News-Wall Street Journal, de los 270 votos necesarios para ganar la presidencia, le adjudicaba 190 votos electorales a Hillary Clinton y 163 a Donald Trump. Todavía había esperanzas para el candidato republicano. Pero, para el 12 de agosto, el cielo político de Donald Trump se vio ensombrecido por los negros nubarrones de la misma encuestadora que arrojaba el resultado ominoso de 272 votos electorales para Hillary y 155 para el magnate inmobiliario.

Para complicar más el panorama de Trump, Hillary le sacaba una amplia ventaja en estados cruciales como Colorado, Virginia, Carolina del Norte y Florida, donde los votantes muestran preferencias por candidatos de uno u otro partido en distintos años electorales. Hasta bastiones tradicionales republicanos como Georgia y Arizona estaban en peligro.

Fue en ese momento en que se hizo obvio que la opción para Trump era cambiar de táctica o resignarse a perder y este hombre ha demostrado ser un mal perdedor. La personalidad competitiva triunfó sobre la personalidad narcisista y Donald Trump escuchó por primera vez a quienes le aconsejaban un cambio de rumbo, entre ellos a sus propios hijos y a veteranos de las luchas políticas republicanas como Rudy Giuliani y Newt Gingrich. Se produjeron entonces los cinco días que han puesto a temblar a Hillary Clinton y que podrían cambiar los resultados de estas cruciales elecciones presidenciales.

Entre el 15 y el 19 de agosto, Trump pronunció una serie de discursos sobre el mejoramiento de la economía, la derrota del terrorismo islámico, la restauración del orden interno y la recuperación del prestigio internacional de los Estados Unidos. Todos ellos leídos en "telepromter" para mantener al candidato enfocado sobre dichos temas básicos. Para coronar su semana de éxitos, Donald Trump recorrió las zonas devastadas por inundaciones del estado de Luisiana y lució más presidenciable que un insensible Barack Obama, empeñado en disfrutar de los privilegios de la presidencia en los campos de golf de Martha's Vineyard.

Pero el nuevo rumbo demandaba una sustitución del personal de campaña y, en lo que podría considerarse una muestra de desesperación, se produjo un cambio radical de capitanes en la nave de Trump. Un Paul Manafort que había insistido en un Trump más moderado y cauteloso fue sustituido por Stephen Bannon, el agresivo Director Ejecutivo de Breibart News, y por Kellyann Conway, una experimentada encuestadora y una figura respetada por los cuadros tradicionales del Partido Republicano. Bannon ha dicho estar de acuerdo en que "Donald siga siendo Donald" y Kellyann se ha impuesto como misión suavizar su imagen entre las mujeres, el sector más numerosos del electorado norteamericano. Porque estos dos saben que cambiar radicalmente a Trump es un imposible. El objetivo de ambos es, por lo tanto, un Trump intenso y combativo, pero concentrado como un rayo laser en las cabezas de Hillary y de Obama. Nada de distracciones respondiendo a las provocaciones que le serán lanzadas por los testaferros de los Clinton, quienes nunca enseñan la daga antes de atacar a un adversario.

Ahora bien, visto desde una perspectiva más amplia, estoy seguro de que lo mejor que le ha pasado a Donald Trump en estas elecciones fue su caída vertiginosa en las encuestas. Lo convenció de que su táctica ofensiva de las primarias no le daría resultado en las elecciones generales. De que estaba hablándole a dos públicos totalmente distintos. En las primarias le hablaba a los conservadores que se sentían ignorados por la dirigencia tradicional republicana. En las generales, si quiere ganar, tiene que convencer de que cuenta con el temperamento adecuado para ser presidente a multitudes de norteamericanos independientes que no confían en él y que han sido decepcionados por ambos partidos. En este terreno abonado por la adversidad sembraron su semilla quienes desde hace tiempo le aconsejaban un cambio de táctica y se produjo el milagro de que el potro cerrero se dejara montar. La interrogante es si Donald Trump mantendrá control sobre sus exabruptos y sus pasiones en los próximos 70 días.

Por otra parte, para quienes seguimos de cerca este proceso electoral y deseamos el triunfo del candidato republicano vale la pena repasar algunos pasajes de estos discursos que muestran a un Trump más organizado, más compasivo y menos egocéntrico. Para mí resultó una sorpresa que, en su discurso de Carolina del Norte, hiciera lo que había prometido que jamás haría, reconocer un error. Lo traduzco textualmente: "Algunas veces, en el calor del debate y hablando sobre numerosos asuntos, no seleccionamos las palabras correctas o decimos cosas equivocadas. Yo lo he hecho. Y, créanlo o no, lo lamento. Lo lamento especialmente cuando he causado dolor a otras personas".

Pero Trump, siendo Trump y acorde con la nueva táctica de la campaña, no perdió la oportunidad de enfilar los cañones contra su adversaria demócrata. Cito de nuevo: "El pueblo americano todavía está esperando porque Hillary Clinton pida perdón por todas sus mentiras y por las muchas veces que lo ha traicionado. ¿Ha pedido perdón alguna vez por haber borrado 33,000 correos electrónicos? ¿Ha pedido perdón alguna vez por haber convertido al Departamento de Estado en una operación de enriquecimiento personal donde los favores fueron hechos a quienes pagaron más?" ¡Jaque mate!

En su discurso de Wisconsin sobre la restauración del orden interno, Trump dijo: "La ley y el orden deben de ser restaurados. Deben de ser restaurados para beneficio de todos, especialmente de aquellos que viven en las comunidades afectadas, los ciudadanos afroamericanos. Una comunidad que ha sido traicionada por el Partido Demócrata". Un reto abierto al control que han tenido los demócratas sobre los ciudadanos de piel negra por más de 70 años. Una "pica en Flandes" que no se habían atrevido a poner los candidatos republicanos durante los mismos 70 años.

En su tema favorito de la seguridad nacional, Trump acentuó su compromiso de derrotar al terrorismo islámico. Dijo: "No podemos permitir la continuación de esta ideología diabólica. Tampoco podemos permitir que el Islam radical--con su opresión de mujeres, homosexuales, niños y no creyentes--siga diseminando su odio y minando las instituciones de nuestros propios países." Y de nuevo la banderilla a Hillary: "El crecimiento de ISIS es un resultado directo de las decisiones políticas del Presidente Obama y de la Secretaria Clinton".

Tuve la satisfacción de leer los textos completos de estos discursos y, aunque es pronto para cantar victoria, confieso que me sentí esperanzado de un triunfo republicano en noviembre. En ninguno de sus párrafos vi al Trump sarcástico y egocéntrico de las primarias y de los últimos meses. Le habló, aunque en forma indirecta, a las mujeres que cuadran la caja familiar y llevan los hijos a los campos de deporte. Le habló a los miembros de las minorías con un renovado sentido de solidaridad y compasión. Le habló incluso a los musulmanes que por cobardía o indiferencia han mantenido silencio cómplice sobre los horrores del terrorismo dentro de sus filas. No encontré el "yoísmo" que lo ha hecho odioso a muchos de quienes hemos seguido sus pasos. Habló de "nosotros" y pidió el apoyo de sus conciudadanos para esta cruzada de devolver a América a sus tradicionales niveles de grandeza. Por muchas objeciones que tengamos sobre su conducta, debemos de darle el beneficio de la duda. Sobre todo, por el bienestar de todos los americanos y por la seguridad del mundo, debemos de rezar para que Dios lo ilumine y para que se mantenga en el mismo camino de los últimos días.

8-24-16

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