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viernes, 9 de septiembre de 2016

ENTRE LA SEGURIDAD Y LA COMPASIÓN

 


 

ENTRE LA SEGURIDAD Y LA COMPASIÓN.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

De ahí que ningún presidente o aspirante a presidente de los EEUU puede poner la compasión por los desamparados del mundo por encima de la seguridad de los ciudadanos norteamericanos.

Tal como ocurre cada cuatro años, este año el tema de la inmigración ha sido un ingrediente importante en los debates políticos y en los programas de ambos partidos. Pero nunca la inmigración había sido debatida con tanta frecuencia y con tanta pasión como en estas elecciones presidenciales de 2016. De hecho, Donald Trump se hizo con la postulación del Partido Republicano adoptando una posición tan radical como la deportación masiva de millones de inmigrantes ilegales, cuyos números cambian según la fuente que los cite. Tocó el nervio sensible de una población nativa cansada de la demagogia, la avaricia y el oportunismo de una clase política que puso sus intereses de partido--ambos partidos--por encima de la seguridad nacional y del bienestar económico de sus obreros.

Sin embargo, el discurso agresivo que llevó a Trump a ganar las primarias republicanas podría costarle la victoria en las elecciones generales. En una encuesta del Pew Research Center de agosto de 2015, el 72 por ciento de los norteamericanos favorecen algún tipo de camino hacia un status legal, que no tiene necesariamente que conducir a la ciudadanía. Con la audacia de un hombre acostumbrado a los riesgos Trump se fue a México para una foto histórica con Peña Nieto que no cambió drásticamente su posición sobre inmigración pero cambió la percepción del candidato republicano entre muchos electores moderados. Como con la visita a la inundada Luisiana, Trump le clavó una estocada a la confiada y letárgica Hillary Clinton, que había ignorado la invitación de Peña Nieto confiada en que Trump no se atrevería ir.

La entrevista se llevó a cabo, pero, como ni Trump ni Peña Nieto pueden olvidar sus bases políticas, cada uno ofreció una versión distinta del tema controversial del pago de la cerca en la frontera. Peña Nieto envió un tweet en el cual afirmó haberle advertido a Trump desde el inicio de la entrevista que México no pagaría por la cerca. Ni tardo ni perezoso, Trump le subió la parada y, en su discurso exhaustivo sobre inmigración pronunciado esa misma noche en Phoenix, dijo: "Vamos a construir una inmensa cerca a lo largo de nuestra frontera sur y México va a pagar por ella".

Cualquiera diría que se declaró la guerra pero, analizado el tema a la luz de los intereses de ambos países, vaticino que la sangre no llegará al río. Ambos se necesitan y se complementan. Y, si llegara a la Casa Blanca, ni Trump podrá llevar a cabo una deportación masiva ni México pagará por la cerca. Lo que sí tendrá que hacer Tromp es cumplir su promesa de construir la cerca. Si no lo hiciera perdería toda credibilidad.

Por otra parte, si sacamos del paquete la deportación masiva, la legislación mexicana sobre inmigración tiene un gran parecido con la fórmula propuesta por Donald Trump que, dicho sea de paso, se parece también a la propuesta por muchos de los candidatos republicanos en las últimas primarias. El éxito de Trump con la base conservadora del partido se debió principalmente al tono belicoso con el cual enfocó el tema y a la inserción del ingrediente de la deportación masiva. Estoy convencido de que fueron fuegos artificiales de campaña que ni el mismo Trump creyó que se convertirían política oficial del gobierno. En este sentido, actuó con la demagogia de los mismos políticos que tanto critica.

A manera de ilustrar lo que he dicho, hagamos un paralelo entre las políticas migratorias de ambos países. El gobierno mexicano, con todo su derecho, requiere entre otras muchas cosas que todos los inmigrantes ingresen al país en forma legal, que cuenten con los medios para sostenerse económicamente y que no tengan antecedentes criminales. Una vez dentro del país, dichos inmigrantes no pueden violar las condiciones de su visa, no pueden participar en las contiendas políticas y, quienes entren al país en forma ilegal, estarán sujetos a penas de prisión o deportación. "Una pena de hasta dos años en la prisión y una multa de trescientos a cinco mil pesos será impuesta al extranjero que entra en el país ilegalmente." (El artículo 123)

http://amigosdepatriots.com/cgi-bin/p/awtp-custom.cgi?d=amigos-de-patriots&id=13264

Por lo tanto, la lógica y la equidad indican que el mismo derecho que tiene México a regular quienes entran al país lo deben tener los Estados Unidos para hacer lo mismo. Muchos más si tenemos en cuenta que, mientras Estados Unidos es un magneto de inmigrantes de todo el mundo, México sufre de una fuga de ciudadanos que no pueden ganarse la vida en su patria. Y muchísimo más si tenemos en cuenta que, a diferencia de Estados Unidos, México no ha sido objeto en los últimos 15 años de un ataque tan brutal como el de las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio, con al saldo macabro de 3,000 norteamericanos muertos por el yihadismo islámico. De ahí que ningún presidente o aspirante a presidente de los EEUU puede poner la compasión por los desamparados del mundo por encima de la seguridad de los ciudadanos norteamericanos.

Donald Trump cumple con su deber como americano y como aspirante a presidente con su plan para regular la inmigración y establecer las prioridades de esa política. Primero la prosperidad del país y la seguridad de sus ciudadanos. Después la compasión por quienes piden incorporarse a la sociedad norteamericana para buscar la libertad o mitigar sus necesidades.

Otra de las prioridades del plan de Trump es la de deportar inmediatamente del país a todo inmigrante que cometa un crimen--se calcula que hay casi dos millones de inmigrantes que han cometido crímenes después de ingresar a los Estados Unidos. El magnate puso también énfasis en cortar fondos federales a las llamadas "ciudades santuarios" que ofrecen protección a inmigrantes criminales en abierto desafío a las leyes federales. Prometió además cancelar todos los decretos de Obama sobre inmigración que violan la Constitución de los Estados Unidos, suspender visas a ciudadanos de países que no cuenten con un sistema de revisión de antecedentes delictivos y obligar a los países de origen de los criminales a que los acepten de regreso a su territorio. Una medida que obligaría a los tiranos de Cuba a recibir a muchos de los espías y delincuentes que han enviado a los Estados Unidos.

Se refirió asimismo a la necesidad de establecer un sistema biométrico que permita detectar a aquellos que permanecen en el país después de vencido el período de su visa y a la justicia de reservar para los ciudadanos norteamericanos los beneficios a los cuales han contribuido durante su vida activa. No más beneficios federales a quienes se sientan a la mesa sin haber pagado por los alimentos. Y cerró con la regla de oro de proceder a una reforma migratoria que tenga como prioridad servir los intereses de los obreros norteamericanos.

Ahora me toca cerrar a mí y lo hago soplando mi propia trompeta. El 13 de mayo de 2010, en un artículo que titulé "La inmigración que todos deseamos", ofrecí una fórmula de cinco puntos como base de una negociación entre los extremos de este politizado y complicado tema. Aquí están:

1- Garantía total de seguridad en la frontera con la erección de una cerca con la suficiente altura y artefactos electrónicos que la hagan prácticamente invulnerable.

2- Despliegue de suficientes efectivos de la guardia nacional y de la guardia fronteriza como para disuadir de sus intentos criminales a los profesionales del tráfico humano y, sobre todo, del tráfico de drogas.

3- La conformidad de los gobernadores de los cuatro estados fronterizos con las medidas adoptadas por el Gobierno Federal.

4- Entonces, y únicamente entonces, podrían darse los pasos hacia una legalización calibrada y progresiva de los inmigrantes ilegales que ya residen dentro de los Estados Unidos.

5- Entre esos pasos estarían el pago de impuestos, el aprendizaje del idioma inglés y el acceso a la ciudadanía después de un período más prolongado del que deben esperar quienes hayan realizado sus trámites en un marco de absoluta legalidad.

¿Me hace esto de alguna manera un experto en el tema migratorio? De ninguna manera. Lo que si me hace es alguien que ha analizado el problema, aplica el sentido común y no tiene inhibición en decir las cosas sin temor a la opinión ajena.

9-8-16

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