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domingo, 9 de septiembre de 2018

El saqueo exitoso

Por: Hugo Marcelo Balderrama

Cuando era estudiante de la carrera de Economía, me toco cursar la materia de Economía Política, en la primera clase el profesor hizo un esquema con los diferentes “modos de producción”, en un lado el capitalismo y en el otro el socialismo “científico”. Con el tiempo descubrí que si tu objetivo era aprender economía, esa clase era una pérdida de tiempo.

No existen diferentes modos de producción, en realidad, el socialismo ni siquiera debería ser catalogado como una corriente de las ciencias sociales, el sector de novelas fantasiosas es su verdadero lugar. El único método de creación, producción y distribución de riqueza es el libre mercado.

El libre mercado como principio de organización social es el mejor medio para coordinar los esfuerzos humanos, no niega, antes bien, afirma que la libre competencia requiere una planificación de las acciones individuales, acusar al libre mercado de un anarquismo sin orden es solo una falacia, de hecho, las empresas que realizan mala planificación y gestión son castigadas con pérdidas en sus indicadores financieros.

La fabricación del producto más simple requiere de la cooperación voluntaria de miles de personas. Imagine un pedazo de queso en el supermercado, ahora vera que viene de una empresa de lácteos, que a su vez, son clientes de una entidad financiera, y esta, canalizan los ahorros de trabajadores del sector minero, y así un largo etcétera. Justamente, es el mercado que permite que sujetos de diferentes culturas puedan convivir en paz y armonía, es dentro el mercado donde las diferencias étnicas desaparecen y los viejos rivales pueden ser socios comerciales, por ejemplo: en EEUU los judíos convivían con los hispanos e italianos, hasta que llegaron los marxistas culturales y trajeron el “Multiculturalismo”, un concepto hueco que solo sirve para generar conflictos.

Adicionalmente, el funcionamiento del libre mercado no solo exige la adecuada organización de ciertas instituciones como el dinero, sino que depende, sobre todo, de la existencia de un sistema dirigido a preservar los derechos a la vida, la libertad y la propiedad.

“La fatal arrogancia” es la clásica actitud del dirigente socialista que no soporta que un hombre común y corriente pueda manejar sus propios asuntos. El socialista cree que la sociedad necesita sus elevados conocimientos, que los hombres solo eligen cosas superficiales y que una nación no puede guiarse a la deriva de los planes individuales, “optimistas inescrupulosos” les llama el filósofo británico Roger Scruton.

Entonces, un “optimista inescrupuloso” será aquel que quiere resolver los conflictos humanos aferrándose a la visión ideal del hombre, lejos de admitir sus falacias, estos sujetos siempre hacen recaer sobre otros (la derecha, el imperio, la corrupción, etc.) la culpa de sus errores, descalifican a quienes los critican y le declaran la guerra a todos aquellos que no se adapten a sus sueños utópicos.

No hay mayor tragedia para una nación, que un grupo de estos “optimistas inescrupulosos” tome el poder de una nación. Sus políticas pretenden cambiar las instituciones de orden natural como el mercado, el dinero y, últimamente, hasta la biología.

Cuando los socialistas meten sus manos visibles en la economía, se alteran las preferencias temporales de la población, envilecen el valor de la moneda y distorsionan los precios, las mercancías desaparecen de los mercados, la pobreza se agiganta y la sociedad pierde toda esperanza. El socialismo no es un fracaso económico; es un saqueo exitoso.

La esperanza de nuestra civilizaron está en manos de los conservadores, si nosotros, los aburridos conservadores, es a nosotros que nos toca defender la verdad, la lógica, el sentido común y la sensatez y frenar así las peligrosas consecuencias de ser gobernados por “millennials”, nuestra participación en la academia, la prensa y la política es más que necesaria, si estás interesado, te invito a ponerte en contacto conmigo.


       
  

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